![]() |
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Todos, adultos y jóvenes, que en sintonía con el camino de la «Infancia espiritual», habéis llegado al Santuario de Santa Teresita de Lleida, os vais a encontrar ante la Santa que desde la Vida continúa haciendo el bien sobre la tierra. Seguramente habréis hojeado más de una vez sus «Manuscritos autobiográficos». Ellos han sido la mejor «Guía del peregrino» que os ha introducido en el testimonio humano y evangélico de esta joven de 24 años. Aquí tenéis otra guía que pretende ayudaros en el conocimiento de este lugar teresiano de Lleida, todavía con muy poca historia a sus espaldas, exactamente 78 años, justamente desde el retorno de los carmelitas descalzos a la ciudad. Desde aquí, Teresita fue dada a conocer a todo el Estado y a América latina con la divulgación de sus escritos y con la popular revista «Lluvia de Rosas». La peregrinación es una manifestación cultual íntimamente conectada con la vida del santuario. Constituye una alta expresión de piedad por las motivaciones que hay en su origen, por la espiritualidad que la anima y por la oración que señala los momentos fundamentales: la salida, el «camino», la llegada. Dejaos llevar más que por la curiosidad externa de las piedras del Santuario por la doctrina de la sencillez de Teresita que, sin duda, descubriréis en cada uno de los rincones del Santuario. Y dejad vuestra fe y vuestra confianza impregnadas en ellos.
Las huellas de santa Teresa del Niño Jesús
El que sea pequeñito, que venga a mí (Pr 9,4). Y entonces fui, adivinando que había encontrado lo que buscaba. Y queriendo saber, Dios mío, lo que harías con el pequeñito que responda a tu llamada, continué mi búsqueda, y he aquí lo que encontré: Como una madre acaricia a su hijo, así os consolaré yo; os llevaré en mis brazos y sobre mis rodillas os meceré (Is 66,13.12). Nunca palabras más tiernas ni más melodiosas alegraron mi alma. ¡El ascensor que ha de elevarme hasta el cielo son tus brazos, Jesús! Y para eso, no necesito crecer; al contrario, tengo que seguir siendo pequeña, tengo que empequeñecerme más.» (Ms C 2v-3r) Como un peregrino más de la historia, te acercas a la Santa para dejarte empapar de su sencillo estilo de vida, hecho de confianza y de amor.
El Santuario Desde el día 6 de enero de 1929, fecha de colocación de la primera piedra, el Santuario ha pasado por diferentes alternativas. Durante los años 80-90 se ha llevado a cabo la remodelación de los exteriores y del interior. Falta aún la última fase que se completará antes de Pascua de 2008.
El campanario, símbolo de la presencia de una comunidad de fe en medio de la sociedad, está situado en la confluencia de todas las calles urbanas del enclave. Es una de las obras más originales de todo el conjunto. Se eleva como un faro luminoso para guiar al peregrino hacia la intimidad con Dios siguiendo el camino de le pequeñez evangélica de santa Teresita. Tiene una altura de 33 metros. Más que una masa compacta, propia del pasado, es algo abierto, transparente, que permite ver el cielo a través de él. La cubierta que corona el campanario simboliza la ayuda, el cobijo, la protección. Los elementos tradicionales utilizados (pilares, columnas, formas, etc.) y algunos de los materiales (hierro, cerchas metálicas de la cubierta del templo), como la obra vista, le confieren un carácter familiar. Desde el acceso porticado y el claustro de la plaza, las escaleras bajan al amplio atrio, lugar para la información de las actividades del santuario y de la parroquia de Santa Teresita. A la derecha, la capilla del «Santo Cristo», espacio para la oración personal o la celebración de la eucaristía. (Desaparecerá con la construcción de la nueva capilla, la sala de audiovisuales y el museo, ahora en proyecto). A la izquierda, la escalera que da acceso a la portería del Santuario y al lugar de acogida de peregrinos. Aquí también se ubica la librería-tienda de recuerdos teresianos. Al centro, las puertas nos dan paso a la iglesia del Santuario. En el interior se ha buscado expresar aquellos valores más íntimos ligados al Santuario y a la fe que lo sustenta. Se ha procurado transformar lo que fue una cripta en una iglesia luminosa, un espacio que invite a la celebración, a la contemplación, al agradecimiento y a la alegría. Todo ello arropado en el calor de la comunidad reunida en torno al altar. El presbiterio ocupa el centro del crucero para que la comunidad pueda rodearlo por todo su perímetro. Las repisas laterales, las celosías de madera en los ventanales, realzando la parte central de las vidrieras, y la luz indirecta sobre dichas repisas, procuran una indefinición de los límites materiales del espacio que recuerdan al Espíritu de la Iglesia actuando dentro y más allá de ella. Una vez dentro de la iglesia, la atención se centra en las vidrieras, el altar mayor y el camarín. Las vidrieras A
ambos lados de la nave de la iglesia se encuentran las vidrieras,
alegorías teresianas, que son obra del artista Pere Valldepérez. A la
derecha: * Espíritu misionero, simbolizado por la paloma blanca, el Espíritu
Santo. Su aliento se cierne sobre toda la tierra. Las llamas evocan la
urgencia misionera de Teresita: «Quisiera salvar almas y olvidarme por
ellas de mí misma; quisiera salvarlas aun después de mi muerte.»
(Carta 221) * En
el corazón de la Iglesia yo seré el amor. «¡Oh, Jesús, amor mío!
Finalmente he encontrado mi vocación: ¡mi vocación será el amor! Sí,
he encontrado mi lugar en la Iglesia, y este lugar, oh Dios mío, has sido
tú quien me lo ha dado. En el corazón de la Iglesia, mi madre, yo seré
el amor. Así lo seré todo. Así se realizará mi sueño.» (Ms
B 3r) * La barca. «Teresita sí lo sabe. Está segura de que su Celina está en alta mar, de que la navecilla que la lleva boga a velas desplegadas hacia el puerto, de que, el timón, que Celina ni siquiera puede ver, no está sin piloto. Jesús està allí, dormido, como antaño en la barca.» (Carta 144)
* El águila. «¡Oh, Verbo divino!, tú eres el Águila adorada que yo
amo. Un día, vendrás a buscar a tu pajarillo; y,
remontándote con él hasta el Foco del amor, lo sumergirás por toda la
eternidad en el ardiente Abismo de ese amor al que él se ofreció como víctima.»
(Ms B 5v)
A
la izquierda * Mi nombre. «Iba mirando las
estrellas, que tilaban dulcemente, y esya visión me fascinaba. Había, sobre todo, un grupo de perlas de oro en las
que me fijaba muy gozosa, pues me parecía que tenían forma de T (poco más
o menos esta forma). Se lo enseñaba a papá, diciéndole que mi nombre
estaba escrito en el cielo.» (Ms
A 18r)
* Escritora. «A pesar de mi pequeñez, quisiera iluminar a las almas como los
profetas y como los doctores. Tengo vocación de apóstol.» (Ms
B 3r)
* Martirio. «¡El martirio! ¡El sueño de mi juventud! Un sueño
que ha ido creciendo conmigo en los claustros del Carmelo. Pero siento que
también este sueño mío es una locura, pues no puedo limitarme a desear
una sola clase de martirio. Para quedar satisfecha, tendría que sufrirlos
todos.» (Ms B 3r) * Rosas. La rosa es el símbolo
del amor. «Yo nunca le he dado más que amor; por eso él me devuelve
amor» (CA 22.7.1). «Será
como una lluvia de rosas.» (CA 9.6.3)
Altar mayor
Girando la vista a la izquierda, se encuentra la capilla del Santísimo. Un momento para la adoración y la oración personal como signo de profundo agradecimiento a Jesucristo, presente en el sagrario. La vidriera de la izquierda representa
el escudo del Carmen con el
nombre de María: «Sabemos muy bien que la Santísima Virgen es
la Reina del cielo y de la tierra, pero es más madre que
reina.» (CA 21.8.3) A la derecha, la Eucaristía:
«Él no baja del cielo un día y
otro día para quedarse en un copón dorado, sino para encontrar otro
cielo que le es infinitamente más querido que el primero: el cielo de
nuestra alma, creada a su imagen y templo vivo de la adorable Trinidad.»
(Ms A 48v) A la otra parte del crucero, María del Carmen espera la veneración
de todos sus hijos. Los dos iconos o murales, que la enmarcan, inspiran la
oración del ángel Gabriel: «Dios te salve, María... bendita
eres...», y la de María en casa de su prima Isabel: «Proclama mi alma
la grandeza del Señor...» Y a su lado, las vidrieras recuerdan la devoción de Teresita: *
A santa Cecilia —el órgano— «Él seguirá tocando su pequeña
lira. ¡Tocará durante toda la eternidad melodías nuevas que nadie
excepto Celina podrá cantar!» (Carta 149) * A
la Virgen María: «Oh, Virgen Inmaculada, tú eres mi dulce estrella.»
(Poesía 5,11) El altar y el atril de la
Palabra, apoyados sobre
vidrio casi imperceptible, evocan los misterios de la fe y su capacidad de actuar por
encima de causas o soportes materiales.
El camarín Antes de llegar al camarín, nos encontramos a ambos lados de la iglesia: la sacristía (parte izquierda) y el lugar de las ofrendas (parte derecha) con un acceso al Santuario a pie plano. El camarín, el espacio más entrañable del Santuario. Es el lugar
para estar con Teresa, para encontrarse
con Dios, ideal para el descanso y la oración. Un ambiente acogedor que
invita a acercarse a Teresa y apropiarse de su estilo de vida. Una
invitación no tanto a la admiración lejana sino a la imitación cordial.
Un espacio, en definitiva, abierto a nuevas fronteras, a la naturaleza, a
la vida, a la luz, a Dios.
El camarín de la Santa, resituado en el fondo de la nave, más allá
del espacio para las celebraciones comunitarias, pero presente en él, es
un espacio abierto a los fieles y visitantes. Paso obligado hacia el jardín
natural (símbolo del paraíso). Distintas plantas recuerdan y simbolizan preferencias de santa
Teresita y dan la bienvenida al que se acerca en actitud de fe. La disposición fugada de las paredes y del vidrio blanco traslúcido
del fondo del jardín, nos anuncian el amor del Padre por encima de todo.
Un amor que se hace presente y nos atrae hacia la luz final y profunda del
ilimitado espacio central. Luz emanada del Padre que se percibe en medio de plantas y flores,
enmarcada por los familiares muros de obra vista. El ábside totalmente de
cristal y abierto al exterior, proporciona una luminosidad especial. El camarín fue inaugurado por el obispo de Lleida, Mons. Ramón Malla Call el día 1 de octubre de 1994, fiesta de santa Teresita.
La
imagen de Santa Teresita
Las
nubes que envuelven la tierra sobre la cual se yergue Teresa, simbolizan
la constante presencia de Dios en el mundo a través de los santos. Esta
imagen, venerada en el Santuario, ha escuchado la oración de millares de
peregrinos de todo el mundo, y continuará haciéndolo siempre que haya un
corazón que desee participar de la pequeñez evangélica de quien
deposita toda su confianza en la bondad del Padre misericordioso. La
talla es obra de Claudi Rius Garric, discípulo de Josep Llimona. Fue
inaugurada en 1947 en ocasión del 50 aniversario de la muerte de Teresa.
Desde entonces se venera en el Santuario. Aprovechando
el nuevo emplazamiento, tanto la talla como la policromía fueron
restauradas en 1994. Las nubes de madera, cubiertas de rosas, fueron
expresamente alargadas por los lados y por la parte inferior.
El
jardín
Junto
a la talla de Teresa, el jardín exterior merece una atención especial.
Destaca en él la luz, obra primera de la creación: «Dijo Dios: Que
exista la luz» (Gn 1,3). La luz posibilita que la tierra produzca todo
tipo de vegetación. Evoca el jardín del Edén, el paraíso. He
aquí el simbolismo de los árboles del jardín: §
El laurel, a la izquierda, recuerda la victoria de los santos.
«Juana de
Arco, cuya frente coronaba de lirio y de laurel» (Poesía 4,3,4). «Después él coronará su frente pura y cándida de lirio y de
laurel.» (Recreaciones, 1,5r,16) §
El olivo, por la abundancia de sus frutos, es signo de prosperidad y de paz.
«Mas yo, como un olivo verde en la casa de Dios, confío en el amor de
Dios por siempre jamás» (Salmo 52,10). «El verde ramaje del olivo ha
aparecido ante tus ojos y te ha cubierto la sombra del pequeño Carmelo de
Lisieux.» (Poesía 29,7) §
Los cipreses se elevan mirando al cielo. Son símbolo de acogida, de
reposo, de bienestar, de trascendencia. Remiten a Dios como plenitud. «Te traerán las riquezas del Líbano, cipreses, olmos y bojes» (Is
60,13). «Como ciprés que se eleva hasta las nubes.» (Si 50,10) §
La hiedra, de hojas verdes y brillantes, trepa y se extiende por la pared.
Simboliza la vida del cristiano que necesita de Alguien a su lado para
escalar las cimas de la santidad. §
Las rosas, símbolo del amor desinteresado e incondicional. La rosa en el
pensamiento, en los labios y en el corazón de Teresa, «como una rosa
deshojada a los pies de Jesús» (Poesía 34). «He crecido como plantel
de rosas en Jericó.» (Si 24,14)
El lugar de las ofrendas El día 12 de mayo de
2001, coincidiendo con la fiesta de las rosas, la fiesta de santa Teresita
en primavera, tuvo lugar la bendición e inauguración de la entrada al
Santuario a pie llano por la calle Antoni Bergós, con la incorporación
de la rampa y el espacio para las ofrendas.
Es una obra acorde con el
interior del Santuario, y de una manera especial con el nuevo camarín de
Santa Teresita, respetando la línea de sobriedad y simplicidad tan propia
de la espiritualidad de nuestra Santa. El arquitecto que ha
proyectado esta entrada lateral es el sr. Ramón María Reig, el mismo que a lo
largo de los últimos años ha dirigido la remodelación definitiva del
Santuario. Saliendo hacia la calle
Antoni Bergós y desde uno de los tramos de la rampa, se puede admirar la
hoja de pared exterior con las tres cerámicas que recogen pensamientos de
santa Teresita. Es otro rincón de oración y de encuentro con la Santa.
Oremos con santa Teresita
Ofrenda
del día
Dios
mío, te pido para mí y para todos mis seres queridos la gracia de
cumplir con toda perfección tu voluntad y aceptar por tu amor las alegrías
y los sufrimientos de esta vida pasajera, para que un día podamos
reunirnos en el cielo por toda la eternidad. Amén.» (Oración 10)
Reflexió «Te
aseguro que Dios es mucho mejor de lo que piensas. Él se conforma con una
mirada, con un suspiro de amor... Y creo que la perfección es algo muy fácil
de practicar, pues he comprendido que lo único que hay que hacer es ganar
a Jesús por el corazón... Fíjate en un niñito que acaba de disgustar
a su madre montando en cólera o desobedeciéndola: si se mete en un
rincón con aire enfurruñado y grita por miedo a ser castigado, lo más
seguro es que su mamá no le perdonará su falta; pero si va a tenderle
sus bracitos sonriendo y diciéndole: "Dame un beso, no lo volveré a
hacer", ¿no lo estrechará su madre tiernamente contra su corazón, y
olvidará sus travesuras infantiles? Sin embargo, ella sabe muy bien que
su pequeño volverá a las andadas en la primera ocasión; pero no
importa: si vuelve a ganarla otra vez por el corazón, nunca será
castigado... Sepamos,
pues, hacer prisionero a este Dios que se hace mendigo de nuestro amor. Al
decirnos que un solo cabello puede obrar este prodigio, nos está
mostrando que los más pequeños actos, hechos por amor, cautivan su corazón...
Si hubiera que hacer grandes cosas, ¡cuán dignos de lástima seríamos...!
¡Pero qué dichosas somos, ya que Jesús se deja prendar por las más
pequeñas...!» (Carta 191)
Invocaciones «¡Jesús,
purifica mi alma para que se haga digna de ser tu esposa! ¡Jesús,
concédeme la gracia de realizar todos mis actos sólo por complacerte a
ti! ¡Jesús,
manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo! Jesús,
enséñame a renunciar siempre a mí misma para agradar a mis hermanas. Dios
mío, creo en ti, espero en ti, y te amo con todo el corazón. Mi Jesús amado, tú eres ya todo mío y yo soy ya para siempre tu humilde esposa.» (Oración 5)
|